Es Domingo por la tarde, el sol inteta colarse por rendijas en mi habitación y, de fondo, suena Aerosmith. Es en estos días de verano en los que el sol baña nuestra piel y por fin tengo un ratito para mi en los que, consciente o insconscientemente, me paro un rato y reflexiono.
Siempre he visto el verano como una época de comienzos y finales. Comienzos de mil historias increíbles con la piel tostada y el pelo más claro, con olor a sal y el tacto de la brisa del mar en la cara. De historias que surgen entre risas en unas lanchas de mi pueblo o tras una "gran comida Hernández".