29 ene. 2017

Érase una vez

¡Buenos días! O bueno, ya casi son buenas tardes porque estamos en el Ecuador del día, ese momento en el que no sabes si decir buenos días o buenas tardes porque ninguna de esas dos frases parecen quedar bien y "buenos medio días" suena demasiado raro.

Para inaugurar esta serie de fragmentos que voy escribiendo he querido elegir para hoy algo que escribí hace meses. Algo que creo que pasa demasiado y que, con este temporal tan frío, creo que viene como anillo al dedo.

Espero que lo disfrutéis.
Patt
 
Érase una vez una mujer dulce y generosa que daba siempre lo mejor de sí misma a quien menos lo merecía. Las mejores sonrisas, los mejores ratos, las mejores miradas, los mejores besos... Y así, dando uno a uno llegó un día que de tanto dar se quedó vacía por dentro.

Érase una vez una mujer fría como el invierno. Una mujer a la que tachaban de ser más gélida que el hielo con sus ojos y sus palabras. Una mujer desconfiada. Una mujer a la que el sol ya no le hacía sonreír y el único que conseguía hacer mella en su corazón era el hielo del invierno haciéndose escarcha en su corazón.

Érase una vez un hombre, dos, tres... Todos iguales, llenos de falsas sonrisas y palabras vacías que regalaban sin dudarlo a cada mujer que se les cruzaba sin pensar en el daño que las hacían. Érase una vez un hombre, dos, tres... Recibiendo sonrisas, besos y momentos a cambio de nada.

Érase una vez una mujer dulce y generosa que regalaba siempre lo mejor de sí misma hasta que un día se quedó sin nada, vacía por dentro. Vacía por culpa de hombres que sólo le regalaban palabras y sonrisas vacías como a tantas otras mujeres. Érase una vez esa mujer vacía que, harta de dar todo y no recibir nada, decidió que desde aquel instante el frío invierno sería el único propietario de su corazón. Érase una vez una mujer fría como el hielo, que solo era una sombra de la mujer dulce que un día fue.

2 comentarios:

  1. Veo muchos mensajes escondidos en tus palabras, supongo que dentro de una coraza de metal frío y helado puede quedar restos de un corazón caliente que aun tiene ganas de latir.
    Con amor, A.

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    1. Quizá los que más me conozcan como tú, sean los que sepan ver mas allá de las palabras y ver qué se esconde tras ellas.
      Un besazo gigante!

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