¡Buenos días!
Sé que hoy en teoría tocaría una entrada literaria, una reseña o algo sobre libros pero, esta semana ha empezado rara, gris y con mil cosas acumuladas en mi agenda. En este tipo de días o semanas me es más difícil escribir una opinión objetiva sobre los libros, ya que no me concentro, bien porque mi mente prefiere quedarse en blanco o, por el contrario, porque prefiere divagar y dejarse llevar por las alas de la imaginación.
Es por eso que, ahora que tengo la oportunidad de ofreceros dos tipos de contenido algo diferentes, he decidido cambiar esta semana el orden de publicación y hoy os encontraréis otro pedacito de mi plasmado en un trozo de papel o, en este caso, en vuestras pantallas del ordenador, móvil o tablet.
Antes de dejaros con el post y dado que este blog lo leen muchos de mis conocidos, he de hacer una pequeña aclaración que para ellos significará mucho y quizá, para los que me conocéis menos o sólamente me conozcáis del blog no entenderéis mucho el por qué de esta explicación. He de aclarar que todo lo que sean relatos, es pura ficción y que de hecho, la mayoría de los que vaya publicando llevan ya un tiempo escritos en mi pequeño cuaderno de Audrey Hepburn. Así que no os asustéis, el último post no indica ni que esté enfadada con los hombres, ni que me vaya a volver la reina de las nieves ni nada por el estilo. Es algo que me inspiró una frase que dijo alguien de mi círculo una vez y que me hizo pensar, llegué a casa, me puse a escribir y salió el post del pasado domingo.
Dicho esto, os dejo con el post de hoy! Espero que lo disfrutéis.